Amar es dejar ir
29 de junio, 2026 · por René García · 2 min de lectura
Miro a mi hija. Cada día esta mas grande, inteligente y conversadora. Me mira, dice “papá”, sonríe. No es la sonrisa de siempre. Ahora tiene dos hermosos dientes. Hace unos meses no estaban allí. Su sonrisa sin dientes me encantaba. En esos días, cuando la cargaba cabía perfectamente en mis brazos. Apoyada en mi pecho se acurrucaba como si estuviera en el vientre de su mamá. Ahora. Solo su cabeza entra. Tengo que acomodar sus piernitas para que no cuelguen. Pesa. No quiero dejar de cargarla.
Jugaba con ella poniéndole en las manos la ropa y el pañal. Le decía que se los pusiera, que ella estaba grande, que podía sola. Se reía. He dejado de hacerlo. Tengo miedo. La he visto crecer muy rápido. Ropa que me gustaba ponerle. No le queda.
Ya gatea. Fue difícil para ella. Al principio solo rodaba, era cómico verla rodar a todas partes. Lo logro. No se rinde. Es como yo. Cuando juego con ella. Le hago movimientos raros con las manos. Hago círculos con los indices o los junto. Mira detenidamente. Pasa días intentando imitarme. Lo logra. Me muestra. Sabe que soy su maestro. Se que estos aprendizajes la alejan de mí. Me gustaría parar. No puedo. Es mi trabajo.
Se irá de mi lado más rápido de lo que imagino. Quedare atrás, mirándola. Orgulloso. Sé que va a doler. La dejare ir.
No dejaré de cuidarla.
— Rene Garcia —